Cuentos para reflexionar El peral de la tía Miseria

Cuentos para reflexionar El peral de la tía Miseria

Se dice que hace muchísimo tiempo (incluso antes de que éste se empezara a contar en los calendarios) vivía una muy humilde mujer en una choza a la que todos le decían tía Miseria, debido a que casi no tenía nada que comer.

De hecho, se alimentaba gracias a las frutas que daba un maltrecho peral que se encontraba dentro de su propiedad. No obstante, en época de primavera algunos niños del barrio se subían al árbol y robaban los frutos.

Una noche de otoño, un hombre casi moribundo llamó a su puerta.

– Buenas noches señora. No tendrá un mendrugo de pan que me regale. Hace semanas que no pruebo bocado.

La mujer, que no era mala del todo, vio que aquel desafortunado parecía más penurias que las suyas y que por tanto bien merecía un poco de ayuda.

– Por supuesto hombre, pase tome asiento. En un momento le acercaré un poco de pan y una pera dulce que estaba reservando para la hora de la cena.

Después de comer, el individuo se echó en el piso y durmió hasta el día siguiente. Por la mañana, la apariencia de este había cambiado por completo.

– No te asustes Miseria, éste es mi verdadero yo. Soy un Serafín venido del cielo con la encomienda de premiar a las personas desposeídas que se preocupan por el prójimo. Pídeme lo que quieras.

La mujer pensó que una buena forma de evitar que sus peras siguieran desapareciendo era convirtiendo al peral en un árbol encantado.

– Quiero que la gente que suba a mi árbol, tenga que pedirme permiso para bajar de él.

– Tu deseo ha sido concedido.

Así pasó el tiempo y como era de esperarse, la gente ya no se robaba la fruta del peral, pues los desafortunados que subían a buscarla, quedaban atrapados arriba hasta la hora de su muerte.

Sin embargo, este cuento no termina ahí, ya que luego de varias décadas volvieron a llamar a la puerta de la tía Miseria, sólo que esta vez se trataba de la mismísima muerte, quien venía a reclamar su cuerpo.

– Prepárate Miseria pues vengo a llevarte a la que será su última morada.

– Sí claro, te seguiré con gusto en tanto tú subas al árbol y me bajes esas tres peras están colgando ahí.

La muerte en uno de sus poquísimos lapsus de inocencia, no detectó que aquello se trataba de una trampa y que quedaría atrapada en el peral para siempre. De esta manera la mujer continuó viva por muchísimos años más.

Lo malo fue que las otras personas que debían fallecer, no podían hacerlo, pues les faltaba el debido acompañamiento de “la señora de la guadaña”.

– Por lo que más quieras, déjame salir de esta prisión. Tengo trabajo que hacer. Los hospitales ya no se dan abasto, ya que el número de enfermos es muy superior al que se tiene contemplado.

– Está bien muerte, te dejaré bajar con una condición. Vendrás por mí solo cuando yo te llamen cinco veces seguidas.

– De acuerdo, lo que tú quieras pero tengo que cumplir con mi deber.

La tía Miseria cumplió su palabra al igual que la muerte. Hoy en día, la mujer aún no llama a la catrina para que venga por ella. Es por eso que la miseria continúa en este mundo.